El título era The Witch's House, no me costó demasiado encontrarlo traducido al inglés después de buscar durante un rato. Instalarlo fue rápido, se trataba de un RPG por lo que había leído, con unos gráficos parecidos a los de Pokemon (debo reconocer que no encontré semejanza alguna, en mi época se jugaba al Rojo o al Azul, y todo era del color que su nombre indicaba). Al comenzar, lo primero que te dicen en el juego es que no vayas al bosque. Como cualquier buen jugador haría, me dirigí directamente a ese lugar, y me sorprendió ver que el camino estaba cerrado por unas rosas. Y claro, los gráficos son como los de Pokemon, pero no tienes ningún Bulbasaur para cortar los arbustos que se te meten en medio cuando avanzas por una senda hacia la aventura y la victoria. Tienes que encontrar un machete que te cuente cómo funcionan los controles del juego para cortarlas tú mismo. Tras pasar unas cuantas horas buscando el botón de correr, y otras tantas cerrándoles la puerta a los monstruos para que desaparecieran, conseguí llegar al final. La habitación de la bruja.
Ya había visto su silueta fantasmagórica a lo largo del juego, pero en su forma de final boss su aspecto adorable es a la vez siniestramente macabro. A esas alturas agradecí poder guardar la partida sin la necesidad de un checkpoint. Y entonces comenzó la persecución. Lo siento, Ibarazaki, pero acabas de perder el récord a la cosa más rápida sin piernas. Fueron varios intentos en los que no pude orientarme, pero después de unas cuantas muertes conseguí llegar hasta la salida. Final neutral. No está mal para terminar el juego por primera vez, pero un verdadero jugador debería seguir hasta llegar al mejor de los finales. Ya que conocía el camino, intenté alcanzar el objeto que desbloquea el Final bueno.
Drave, te debo una noche.
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