sábado, 16 de marzo de 2013

Canción de la nueva luna

Kai tomó asiento en un banco apartado del parque. Era de noche, a esa hora en que las calles están vacías y sólo las luces de las farolas iluminan la ciudad. Mark se sentó a su lado y concluyó la conversación que habían iniciado varios minutos atrás.
-Así que se trata de eso -Kai lo comprendió al instante.- ¿Estás bien?
-Sí, ahora estoy mucho mejor -el titiritero respondió sin dudar.
-Te noto afligido. Lo veo en tus ojos.
Los ojos. Por muchas máscaras que Mark llevara ninguna de ellas podía ocultar el brillo de su mirada.
-Estaré bien.
Se encogió de hombros restándole importancia y siguieron el camino.

-¿Puedo darte un consejo? -Kai preguntó, pero se respondió a sí mismo casi de inmediato.- Te lo daré igual, porque yo considero que los consejos son como las lentejas, puedes tomarlos o hacer lo que quieras con ellos.
-Suelo tener en cuenta cualquier consejo por estúpido que parezca.
-Sonríe.
¿Sonríe? Esa palabra sorprendió a Mark. ¿Ese era su consejo? Lo había escuchado antes en realidad, en algún lugar tras el viento.
-Claro... lo haré.
Mark forzó una sonrisa, bastante más natural de lo que hubiera esperado. Todo estaría mejor.

Comparten una sonrisa el dragón y la cazadora.

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