lunes, 12 de enero de 2015

Ruinas

De todas las personas de las que Mark podía escribir, no pensó que fuese a resultar esa persona. La Bruja suele jugar mejor de lo que el propio titiritero pensaba entonces. Sin especial motivo abrió su Compendio de Recuerdos, ese santuario personal en el que guardaba todo cuanto alguna vez había acaecido. Sin especial motivo, se dejó sorprender por el viento que soplaba hacia una deriva que ni siquiera había notado antes. "Después de todo sólo es viento, ¿verdad?", se dijo antes de desviar la mirada en su dirección. Ese fue probablemente el mayor error que Mark cometió en toda la semana.

O no. En realidad, fue ella quien le enseñó a escribir. A escribir como hacía antes, de forma constante y fluida. ¿Por qué le afectaba tanto leer páginas escritas años atrás? Quizá la respuesta no pueda volver a ser formulada. Sus ojos se cerraban contra la almohada.

¿A quién le importan las respuestas?