miércoles, 29 de mayo de 2013

Delirio

-Eh, ¿os imagináis cómo conduciría un hombre sin brazos?
Red, tendido sobre la cama de la habitación del hotel, comenzó a pensar demasiado.
-Con los pies. Todo se puede hacer con los pies -explicó Mark- ...excepto pelar naranjas.
-¿Entonces cómo utilizaría los pedales? -Alice era en ocasiones quien mejor mantenía la lucidez.
-Hay coches que tienen botones en lugar de pedales. Para gente sin piernas.
-Pero nuestro hombre lo que no tiene son brazos.
-Y por eso conduce con los pies, necesita esos botones.

Mark parecía ser el único que notaba la imposibilidad de pulsar botones y dirigir un automóvil sólo con los pies al mismo tiempo. Atrapados en la demagogia, continuaron el razonamiento. Esta vez fue Mark quien desvarió.

-¿Entonces se dedica a los rayos? ¿Los dirige desde lo alto de un edificio con un látigo de metal?
-¿Qué...? -un silencio precedió a esa palabra.
-Mira, te hago un boceto.

Mark comenzó a dibujar. Nunca se le había dado bien, pero podía trazar algo sencillo. Cuando terminó el esquema de una mujer en la azotea de un rascacielos, ondeando un látigo con punta de metal entre la tormenta, se lo mostró a Dánae.

-¿Qué se supone que es esto?
-Un pastor de rayos. Agita las cargas iónicas del cielo con su arma.
-¿Y esto? -señaló a la otra persona en el dibujo.
-Eso es tu hermano.
-¿Por qué mi hermano?
-¿Acaso no se parece?

A veces, matar al tiempo es tan absurdo como genial.

Introduction

-Bueno, ya nos veremos -Mark se despidió apresuradamente.
-Sí, estaré por aquí - Drave hizo un gesto informal y siguió su camino hacia el campo de jugger.
-Y como iba diciendo -Alice continuó tras la interrupción,- ella es Dánae.

Dánae.

Mark había oído hablar de ella en muchas ocasiones. Incluso la había visto en fotografías, pero no se esperaba que fuese así en persona. La observó durante un tiempo. Era muy diferente a como la había imaginado. Le gustaría llevarse bien con ella, pero recordó lo que había sucedido la última vez que extendió sus hilos sobre otra persona. Nada de hilos en esta ocasión, ni tampoco máscaras. El titiritero tendría que mostrarse abiertamente y usar su mirada para caerle bien. Y por qué no, también una sonrisa.

Alice propuso salir a comer algo y estuvieron hablando durante un rato. Fuera hacía bastante frío. Red, uno de los amigos de Alice, llegó al cabo de un tiempo y Mark decidió regresar para ver a Drave. El partido había acabado ya, pero él seguía recorriendo la zona. El titiritero pasó con él gran parte de la tarde, visitó otra vez a Aster y a Luzie. Mientras caminaba por los puestos de la feria se cruzó de nuevo con Alice y Dánae.

-Hey, Mark -saludó Alice en primer lugar.- Me han pedido que te comente que vamos a ver una película esta noche. Puedes venir si te apetece.
-Claro, me encantaría. Pero... ¿esta noche es luna llena?
-Tranquilo, no saldremos del hotel.
-De acuerdo entonces -se despidió con una sonrisa.

-Tu amiga parece triste -Drave soltó ese comentario de espaldas a Mark, mirándola alejarse.
-¿Alice? -preguntó Mark volviéndose hacia ella.
Drave asintió, y el titiritero observó detenidamente.

Su figura, al lado de Dánae, rozando su hombro con la mano apoyada sobre la suya, la cabeza casi imperceptiblemente ladeada buscando unos milímetros... Sí, Drave podría confundir fácilmente eso con tristeza. Mark sonrió. Acababa de comprender algo que jamás había entendido.

-¿Triste? No... no está triste en absoluto.

lunes, 27 de mayo de 2013

Convención

Era un día de fiesta. No una de esas fiestas aburridas en las que sólo se puede beber y hablar con amigos de amigos demasiado ebrios como para mantener una conversación. No, ese día era una fiesta de verdad.

Mark caminaba por la calle en dirección a ese lugar, en las afueras de la ciudad, cuando vislumbró una pequeña silueta varios metros por delante de él. Al instante la reconoció, esa gorra era inconfundible. Se trataba de Alice. Mark sabía que ella se dirigía a la estación de tren para encontrarse con sus amigos, compañeros de manada a los que no veía desde hace tiempo. Más tarde los vería en la fiesta, no era el momento de dejarse notar. Mark tomó un desvío para conseguir algo de dinero de un cajero automático y siguió caminando.

Cuando llegó, el titiritero apenas tuvo tiempo de saludar antes de que la princesa Aster lo interceptara.
-¡Mark! -lo tomó del brazo arrastrándolo a través del gran salón.- Te necesito.
-De acuerdo...
-Sólo tienes que hacer de público para una presentación de un juego de cartas.
-Será fácil.
Aster formaba parte de la organización del evento y recorría el lugar de manera constante. Había mucha gente para ser tan pronto. La conferencia de presentación sobre las cartas de un juego que Mark ya conocía se le hizo aburrida. Al menos hasta que llegó Luzie. Se sentó silenciosamente a su lado y estuvieron hablando en voz baja durante unos instantes. Al terminar, Mark regresó al salón, donde se encontró con Alice.

Mark hizo algunas presentaciones y esperó a que Alice hiciera lo mismo. Pero en ese momento Drave apareció, deteniéndose para saludarlo.
-Drave, ¿qué haces aquí?
-Armas de contrabando -explicó con una sonrisa.
-¿Jugarás un partido de jugger?
-Probablemente sí. ¿Quieres verlo?
-No creo que vaya a tener tiempo para todo.

Sin duda, el día iba a ser muy largo.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Icarus

Porque mirar al sol siempre había hecho que se le saltaran las lágrimas. Admiración, solía llamarlo. Lo cierto es que ni siquiera él sabía definirlo. Como la joven jinete del ocaso, él también se había acercado al sol, a ese radiante sol que primero quema y luego perdona. Como una mosca al dulce aroma de una cálida tarde de estío. Al enajenador impulso adictivo de una macabra ilusión.

Si lo observo me cegará, si me acerco arderé, y alejarme... Alejarme me llevaría de vuelta a las sombras de las que procedo. No volveré allí. Porque atravesar el cielo en llamas es mucho más hermoso. Porque no puedo dejar de mirar ese sol tras el viento. ¿Por qué mierda me siento así?

No lo sé. No necesito saberlo.

Porque como a él, ese sol me hundirá,
pero aún así, es lo que hace que me mueva.

martes, 21 de mayo de 2013

Just Darkness

El cadáver de Leo se desplomó en el mismo instante en el que un rayo quebró el cielo, iluminando con las luces de tormenta la oscura avenida. Los hilos reptaron acariciando su cuerpo, replegándose hacia la mano del titiritero. No es tan fácil matar a un gato, pero haberle provocado tales daños hará que no ponga otra de sus vidas en juego la próxima ocasión. Mark mantuvo la mirada sobre su rostro felino, dudando cómo se debería sentir. Tras unos instantes, habló sin volverse a las máscaras situadas detrás de él.
-Edward.
-¿Sí...? -respondió tímidamente el organista.
-Un paso al frente.
-Mark, no creo que...
El titiritero se giró, clavándole la mirada. No fue necesario repetirlo. El doctor avanzó hasta él evitando mirar los restos de Leo.
-Voy a hacerte un nuevo traje, ¿de acuerdo? -Mark informó a su sádica máscara.
-¿Un... traje?
-Un vestido en realidad. Con cuerdas. ¿Te suena el shibari?
-¿Vas a encadenarme? No, me niego -el organista parecía asustado.- No voy a dejarme atar por el miedo otra vez.
-Oh... pero tú no sabes lo que es el miedo. Mírame a los ojos. ¿Notas algo de miedo?

-No... -Mark prosiguió- ya no queda nada del antiguo miedo que te aprisionaba. Pero eso no significa que vayas a estar mejor.

Ahora sólo hay oscuridad.

lunes, 20 de mayo de 2013

Just Mark

-Leo, reconoce tu derrota.
La lluvia caía sobre el titiritero, extendiendo el pelo mojado ante sus ojos marrones con cada gota que se precipitaba al vacío. Su mirada era perfecta esa noche. Expresaba todo lo que él había contenido. Era sin duda su rasgo más hermoso. El gato retrocedió arrastrándose hacia el extremo menos iluminado de la calle. Sus ojos brillaron por un instante en la oscuridad. Aterrorizado como estaba, era incapaz de sonreír en esta ocasión.
-Las sombras no te salvarán -Mark avanzó hacia él.- Debes asumirlo.
-¿Por... por qué debería?
-Porque has perdido. Mira, estás destrozado. No puedes seguir con esto. Ríndete y puede que decida dejarte con vida.
-¿Quién eres?
El titiritero sonrió. No era tan fácil responder a esa pregunta.
-Yo soy Mark.
-¿Mark? ¿Mark quién?
-Sólo Mark. Y declaro que este juego ha terminado.

domingo, 12 de mayo de 2013

Eros

Eleuterio. Vínculo surgido del Caos. Arquero alado con saetas de emociones. En esa festividad, Mark se encontraba solo. Casi como aquella vez, pero apenas conocía a cuatro personas. Vic no iba a salvarle la noche en esa ocasión como hizo el día en el que la había conocido. Claro, estaba con él la princesa Aster, pero ella tenía invitados ese día. Mark no era su invitado exactamente. Él mismo lo había definido así, sólo estaba de paso y le pareció interesante acudir a esa fiesta. No tenía ni idea de lo equivocado que estaba cuando hizo esa afirmación.

Como acostumbraba hacer, el titiritero preparó algunas mezclas esa tarde. Grog, hidromiel, ron, vodka, té verde... Intentó divertirse, pero por algún motivo (llamado Alice) fue incapaz. Cada cosa que sucedía le recordaba horriblemente a ella. La princesa estaba demasiado entretenida con su nuevo juguete, y Mark no quería distraerla. Se encerró para controlar su mente, pero la situación se lo hacía difícil. No podía escapar.

El teléfono vibró con un nuevo mensaje.

Tal vez aún había alguien dispuesto a salvarlo.

jueves, 9 de mayo de 2013

Sombra de la verdad

-No creas que es una cuestión racial ni nada por el estilo. Por supuesto que no me gusta lo que es, lo huelo en su sangre, pero me cae bien como persona. El problema eres tú, Mark. ¿Cómo crees que nos sentimos cuando sólo hablas de Alice y Vic en nuestras reuniones? Y ahora por el hecho de que Alice te haya dejado de lado es lógico que no me apetezca hablar contigo.
-Hay... personas que son muy importantes para mí. Eso no hace que el resto lo sean menos.
-En ningún momento te he preguntado a quién considerabas más importante. Bastaba con que no desatendieras a tus amigos como nosotros. Ahora no te quejes.
-Pues yo también tengo sentimientos. No son perfectos, pero existen.
-Los sentimientos son inevitables. A veces impiden razonar, pero no están mal del todo. En ocasiones eso está bien.
-¿Dejarse llevar?

Sí... dejarse llevar suena demasiado bien.

martes, 7 de mayo de 2013

Continue?

-¿No vas a darme un abrazo?
Frente a ese lugar, Vic le devolvió la mirada. Había actuado igual la última vez.
-No -respondió. Hablaba demasiado en serio.
Probablemente tenía razón al afirmar que los habitantes de esa ciudad eran antipáticos al extremo. No importa, Mark conocía lo bastante el tsun como para no dejarse sorprender. Recordó el amuleto que ella le había entregado semanas atrás.
-¿Me darás tu bendición entonces?
El hada sonrió extendiendo un dedo hacia él. Mark cerró los ojos mientras la mano se movía delante de su cara, trazando gestos que el titiritero no llegó a ver. Finalmente el hada tocó su nariz con la punta del dedo y Mark abrió los ojos. Ocho de corazones. En adelante vestiría esa carta.

domingo, 5 de mayo de 2013

Alice

A pesar de todo lo que había sucedido en los últimos días, esa chica seguía ocupando la mayor parte de su mente. Con una sentencia final, su despedida había atravesado su pecho tres veces en el mismo punto. Game over. Así que lo consideraba un juego después de todo. ¿Por qué mantenía Mark el deseo de perdonar algo así? La respuesta es sencilla, y de nuevo Alice tenía razón. Soy gilipollas. Eso hace trece veces en total. Le hubiera gustado quedarse en compañía de Vic, con quien había pasado esa noche, pero el titiritero tenía otras obligaciones. Al día siguiente habló con Lance. Odiaba que actuara de una forma tan egoísta. Tal vez él no lo supiera, y es que hay problemas que es mejor tragárselos, pero Mark seguía sintiéndolo del mismo modo. Como una burla. Como alguien incapaz de cumplir con un deber que él siempre había asumido. Una vez más, tenía miedo.

-Oye, comprendo que estés triste, pero yo también lo estoy -el caballero se sintió presionado.- No vas a convencerme con algo así.
-No era mi intención. Siento que haya sonado de ese modo -Mark se disculpó de una forma poco convincente.
-No vas a perder a tus amigos. Sólo hay una forma de hacerlo, y es mandarlos a la mierda.
-¿Y si tu amigo te manda a la mierda a ti?
-Entonces no lo era realmente. Alice no era tu amiga. Nunca lo fue. Es algo que debes asumir.
-¿Por qué opinas eso?
-Por lo que sé de ella. Por la manera en que te afecta. No te había dicho esto antes porque te caía bien, pero siempre la he considerado una manipuladora. Para ella tan sólo eras una cosa divertida. Como un juguete. Alguien sobre quien extender sus hilos y divertirse. Por eso dejas de importarle en cuanto haces algo que no le gusta.
-No creo que... -Mark reflexionó esas palabras.

Aunque la opinión de Lance sonaba lógica desde su perspectiva, no parecía encajar del todo. No, Mark estaba seguro de que no era así. No podía ser así. De todos modos, ¿qué importaba ya? Nada cambiaría el hecho de que Alice lo hubiese contramedido por completo. Con un suspiro, cambió la dirección del diálogo.

-Me gustaría que vieras a Axel esta noche.
-No me apetece. Ve tú y habla con él.
-Dijiste lo mismo la última vez. Se lo debes.
-No le debo nada. Tengo un mal día y no voy a estropearos la noche a todos.
-Haz lo que prefieras.
-Te llamaré más tarde, ¿vale? Pero no cuentes con que aparezca allí.
-Como desees... -tal vez Mark sonó un poco borde a esas alturas. Se dirigió a la salida.

-Eh, Lance -el titiritero se detuvo en la puerta.- ...Gracias.

Behold the twilight

A 150, el titiritero apartó la ropa y las pinturas amontonadas sobre el escritorio de la habitación de Aster. Ante la ventana, podía verse a lo lejos toda la ciudad. Atardecía, las luces del crepúsculo cubrían los edificios, los bosques, y las montañas más allá en vagos destellos aurora. Aunque ya no se encontraba allí, la princesa había cedido al titiritero su habitación por esa noche. Mientras ella había permanecido con él durante el día anterior, Mark se había sentido muy bien. Pero cuando hubo partido, sus pensamientos empezaron a confluir a pesar de toda distracción. Se concentraron en un punto que, sobre todo, quería evitar. ¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? En ese estado, el titiritero sólo podía hacer una cosa. Apartó la ropa y las pinturas amontonadas sobre el escritorio de la habitación de Aster y empezó a escribir.

Tal vez eso pudiera calmarlo un poco.

jueves, 2 de mayo de 2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

Malfunction

El organista apareció con una formidable carcajada. No es más que un lunático a pesar de su elegancia. Mark lo ignoró por completo, tendido en su cama incapaz de moverse. Ni una palabra del titiritero. Cuando Edward hubo terminado de reír, comenzó a hablar con una sonrisa. Realmente disfrutaba eso.

-¿Qué has hecho, Mark? Creía que éramos amigos. Al menos yo me divertí mucho la semana pasada. Admiración, ¿eh? Si tan solo no fueras estúpido... Piénsalo, nunca dejarás de ser patético. ¿Y cómo haces tú las cosas, además? ¿Con sangre y acero? Vamos, inténtalo -el organista extendió un cuchillo de cocina hacia él.- Hasta la tráquea -Gules de nuevo sonrió.- Piensa en B. cuando lo hagas.

-Déjame en paz -el titiritero respondió.- Morir ahora no serviría de nada.

-Hablemos de brujas, Mark. ¿Qué tal has pasado Walpurgis, por cierto? -no se molestó en responder. El organista sabía que todos le habían dejado de lado esa noche.- Veamos...  Una habitación cerrada con destornillador, la puerta trasera y las ventanas están cerradas también. Hay un cadáver sobre la cama, parece haberse desgarrado el cuello. La habitación está totalmente cerrada, de forma que es imposible salir de ella o acceder desde el exterior. 

-Silent Selene.

-¡Royal Flare! ¿Creías poder utilizar la magia de Angmar, capaz de trastocar las almas de los mortales? ¡Ella te dijo que no te metieras en esto, y mira lo que has conseguido! ¡Responde, Mark!

-Paso.

-¿Es que no comprendes la gravedad de tu traición? ¿Por qué no te mueres? La Bruja no te salvará de esto. ¿Pensabas que sólo por lo que dijera esa niña tenías derecho a sentir? Eres un mueble, Mark. Uno inútil. Acaba de una vez con tu existencia.

Carta a Miss Nevermind


Pequeña Miss Nevermind:

Esta mañana recibí un halcón que llegó volando entre la tempestad desde cielos lejanos. Traía noticias de Shane. Ella está triste, y creo entender que tú puedes ayudarla. ¿Por qué no lo haces? Incluso cuando Mark mencionó su nombre te mostraste tensa. Soy consciente de nuestra rivalidad natural, pero no escribo esta carta como enemigo, sino más bien como... cómplice. Sí, cómplice es una buena palabra.

Hoy he corrido tras el viento hasta atisbar una realidad anterior a ti, pequeña Miss Nevermind, y me pregunto dónde se encuentra ahora. Me pregunto, Miss Nevermind, qué has hecho con esa niña de cabellos rosados. Debo reconocer que cuando inicié ese juego contigo no esperaba verme superado tan rápido. Ahora, al borde de la derrota, lo dejo de lado para escribirte esta carta tan roja como la verdad. Esto no es la Ciudad de Mentiras de la que procedes. Debes ser consecuente.

No pretendo que te lo tomes como una crítica. En absoluto. Estoy dispuesto a ayudarte en todo lo que necesites. Puedo perdonarte que tengas un mal día conmigo, y ten por seguro que lo haré. Pero no permitas que eso afecte a personas que te importan de verdad. No hay mayor frustración que una sonrisa que no quiere ser cazada.

Es posible que no tengas en cuenta esta carta, después de todo, tan solo soy un gato cuya visión del mundo ha sido durante siglos distorsionada. A veces, y sólo a veces, consigo comprender los sentimientos humanos.

Joder está bien. Pero no se jode entre nosotros.

Leo Scythe