Red, tendido sobre la cama de la habitación del hotel, comenzó a pensar demasiado.
-Con los pies. Todo se puede hacer con los pies -explicó Mark- ...excepto pelar naranjas.
-¿Entonces cómo utilizaría los pedales? -Alice era en ocasiones quien mejor mantenía la lucidez.
-Hay coches que tienen botones en lugar de pedales. Para gente sin piernas.
-Pero nuestro hombre lo que no tiene son brazos.
-Y por eso conduce con los pies, necesita esos botones.
Mark parecía ser el único que notaba la imposibilidad de pulsar botones y dirigir un automóvil sólo con los pies al mismo tiempo. Atrapados en la demagogia, continuaron el razonamiento. Esta vez fue Mark quien desvarió.
-¿Entonces se dedica a los rayos? ¿Los dirige desde lo alto de un edificio con un látigo de metal?
-¿Qué...? -un silencio precedió a esa palabra.
-Mira, te hago un boceto.
Mark comenzó a dibujar. Nunca se le había dado bien, pero podía trazar algo sencillo. Cuando terminó el esquema de una mujer en la azotea de un rascacielos, ondeando un látigo con punta de metal entre la tormenta, se lo mostró a Dánae.
-¿Qué se supone que es esto?
-Un pastor de rayos. Agita las cargas iónicas del cielo con su arma.
-¿Y esto? -señaló a la otra persona en el dibujo.
-Eso es tu hermano.
-¿Por qué mi hermano?
-¿Acaso no se parece?
A veces, matar al tiempo es tan absurdo como genial.
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