Tal vez eso pudiera calmarlo un poco.
domingo, 5 de mayo de 2013
Behold the twilight
A 150, el titiritero apartó la ropa y las pinturas amontonadas sobre el escritorio de la habitación de Aster. Ante la ventana, podía verse a lo lejos toda la ciudad. Atardecía, las luces del crepúsculo cubrían los edificios, los bosques, y las montañas más allá en vagos destellos aurora. Aunque ya no se encontraba allí, la princesa había cedido al titiritero su habitación por esa noche. Mientras ella había permanecido con él durante el día anterior, Mark se había sentido muy bien. Pero cuando hubo partido, sus pensamientos empezaron a confluir a pesar de toda distracción. Se concentraron en un punto que, sobre todo, quería evitar. ¿Por qué no podía dejar de pensar en ella? En ese estado, el titiritero sólo podía hacer una cosa. Apartó la ropa y las pinturas amontonadas sobre el escritorio de la habitación de Aster y empezó a escribir.
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