Frente a ese lugar, Vic le devolvió la mirada. Había actuado igual la última vez.
-No -respondió. Hablaba demasiado en serio.
Probablemente tenía razón al afirmar que los habitantes de esa ciudad eran antipáticos al extremo. No importa, Mark conocía lo bastante el tsun como para no dejarse sorprender. Recordó el amuleto que ella le había entregado semanas atrás.
-¿Me darás tu bendición entonces?
El hada sonrió extendiendo un dedo hacia él. Mark cerró los ojos mientras la mano se movía delante de su cara, trazando gestos que el titiritero no llegó a ver. Finalmente el hada tocó su nariz con la punta del dedo y Mark abrió los ojos. Ocho de corazones. En adelante vestiría esa carta.
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