-Eh, ¿me das cinco euros para un taxi?
Se trataba de un joven de aproximadamente un metro sesenta y cinco de altura, cuando Mark alzó la mirada.
-Ah... No -el titiritero volvió a centrar su atención en el teléfono y siguió caminando.
El chico, que aparentaba 15 o 16 años de edad, se situó frente a él. Unas ocho personas más lo rodearon
-Dame sólo cinco euros. Los necesito. -insistió.
Mark guardó el móvil interrumpiendo la conversación.
-No lo creo.
Al desconocido no le gustó esa respuesta. Tardó diez segundos en buscar entre sus bolsillos traseros y extraer de ellos una navaja multiusos, con una hoja roma extendida del tamaño de un dedo meñique.
Mark observó sus ojos. Las pupilas estaban bien, no había rastro de efectos enajenadores. Probablemente el chico lo interpretó como un duelo de miradas.
-Oye, que me des cinco euros, para coger un taxi.
-No puedo. Se los debo a alguien.
En realidad debía devolverle a Ziran el pequeño préstamo que éste le había hecho la noche anterior.
-Sí que puedes. O si no... -su oponente adoptó una posición ofensiva.- [...]
Mark enarcó una ceja. ¿Pretendía intimidarle con eso?
-¿En serio? -El titiritero introdujo las manos en los bolsillos de manera despreocupada; una postura que solía adoptar.
Uno de los jóvenes percibió el gesto como una amenaza. Se acercó al que se encontraba frente a Mark y comenzaron a dialogar en una lengua desconocida para él. De todas formas, Mark no pensaba permitir que lo retrasaran mucho más tiempo. Giró hacia la derecha, siguiendo la calle comercial que había atravesado con Alice hacía ya varios días. Desenfundó su teléfono móvil y continuó la conversación disculpándose.
Una piedra algo más grande que su puño cayó entonces, impactando a metro y medio de distancia, y rodó por el asfalto hasta chocar con un muro metálico. Mark sonrió. Podrían haberle roto algún hueso con un golpe como ese. Tan sólo si hubieran sabido apuntar. O si hubieran tenido en algún momento intención de golpearlo. Niños, seguid practicando. Tal vez algún día seáis capaces de asaltar a alguien de una forma decente.
Cuando llegue ese día, aseguraos de que vuestra víctima sea un banquero.
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