He notado lo frágil que soy cuando pregunté a esa cazadora por la canción que tanto le había afectado. La primera vez que la escuché ni siquiera me gustó, pero ahora, escuchando continuamente la melodía que no comprendo vibran las cuerdas sobre mis dedos, moviendo las emociones de tantos títeres como mis manos pueden soportar. Ni siquiera soy capaz de escribir una entrada coherente. Los dedos tiemblan contra el teclado formando su propia melodía. No puedo asegurar que me guste esta sensación, pero no es tan desagradable como aparenta... Permaneceré despierto esta noche.
Mark.
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