jueves, 28 de marzo de 2013

La princesa y la cazadora

La princesa está triste, y la cazadora ha salido esta noche. Mark desearía poder cazar tan bien como ella sólo para hacer objetivo la sonrisa de la princesa. Aster lo había evitado esa tarde, alegando encontrarse bien, pero algo en todo ello no encajaba. ¿Esperar? A Mark no le gustaba esperar, era demasiado impaciente. Por su mente pasaban toda clase de posibilidades. Odiaba no poder hacer nada.

Alice había tratado de enseñarle a acechar una presa. Mantener la posición y aguardar la oportunidad sin hacer nada. Wei wu wei. Pero no había resultado demasiado bien. Mark era para ella una criatura extraña. En el mal sentido. Alguien a quien se podría tachar de todas las formas, y sin embargo difícil de eliminar por completo. Alice no sabía qué hacer con él. Era como esas frases que, a pesar de representar un pensamiento a la perfección, hacen que el texto quede tan raro que te planteas borrarlas, pero decides dejarlas ahí con una línea sobre ellas. Como si fuera a esconderlas de una mirada inapropiada. Mark era consciente de ello, pero jamás le había importado ser tachado o incomprensible. Si se paraba a pensarlo llegaba a una única conclusión.

Las frases tachadas siempre son
la sentencia más importante.   

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