Alice se encontraba alegremente en el primer asiento de ese autobús. Bueno, en realidad se trataba del segundo, porque el primero iba en sentido opuesto a la marcha del vehículo, y en varias ocasiones ella le había mencionado lo mucho que odiaba viajar de espaldas. Mark todavía estaba resentido desde la última vez, así que la saludó algo tenso y pasó de largo.
-¿No vas a sentarte? -Alice lo miró algo sorprendida.
A Mark tampoco le agradaba demasiado ir en bus de ese modo, pero decidió tomar asiento frente a ella. Como no dijo nada, Alice prosiguió con la conversación.
-Estoy cansada, apenas he dormido hoy. Esta noche estuve muy ocupada, no con una cacería, pero pasé todo el fin de semana con unos amigos, salvo un día que fui a ver una película a casa de...
Se detuvo en algún momento de la frase.
-¿Mark... estás bien? Te noto raro, más de lo habitual. ¿Te sucede algo?
-Es sólo que estoy un poco triste.
Alice se inclinó hacia él, clavándole la mirada. Mark giró el rostro como si se trataran de los ojos de una gorgona. Había visto eso antes.
Alice forzó una sonrisa. Tan perfectamente medida que Mark tuvo que volverse por completo. Su sonrisa, mostrando los colmillos que él suponía letales bajo la luz de la luna, era en cierto modo cautivadora.
-No intentes evitarlo. No suelo fallar cuando cazo una sonrisa.
Pasaron varios segundos en los que Mark trató de resistirse a sonreír. Sin duda era una buena cazadora. Tras unos instantes no pudo contenerse por más tiempo.
-¿Lo ves? Mi sonrisa es infalible.
-No es cierto, sólo es adorable.
-No me gustan las cosas que dicen ser adorables.
-Eh, yo soy adorable -en realidad Mark era plenamente consciente de que no era así.
-A eso me refería, no puedes decir de ti mismo que eres adorable. No queda bien. Es una palabra horrible para que alguien se la aplique a sí mismo. Es como, osea, no, muérete.
To be continued
No hay comentarios:
Publicar un comentario