Mark decidió hacerlo por sí mismo. Arriesgado, pero sin duda un desafío mucho mayor. Se presentó ante ella con una máscara incolora, sin facciones reconocibles, y bajo la incógnita de su identidad la saludó. Alice le había advertido que no soportaría su presencia demasiado. Pasó largo tiempo haciéndola bailar entre sus cuerdas, sin atreverse a rozarla siquiera. Lentamente fue tomando posesión de la danza, atando un hilo tras otro, asegurando aquellos que se sostenían y redirigiendo los que se soltaban. Alice lo observaba desde las sombras.
-En menos de dos horas se habrá liberado -vaticinó.
-¿Estás segura, cazadora?
-Por supuesto. Antes de las 16:00.
Mark sentía los hilos afianzados, le costaba comprender qué impulsaba a Alice a opinar algo así.
-No lo creo.
-Apostemos.
-Una orden.
La cazadora asintió.
-Recuerda, antes de las dieciséis.
Pero a escasos veinte minutos de la hora acordada, la criatura no mostraba tener intención de soltarse. Parecía agradarle el sutil movimiento de los hilos a su alrededor. Alice confundió a Mark hasta el punto de perderla por completo, pero el marionetista encontró el rastro de nuevo y avanzó hasta alcanzarla. Eran las 15:54 cuando la cazadora se pronunció.
-Basta. He ganado.
Mark perdió el control de sus cuerdas en un único instante, que bastó para que la chica se agitara en el sitio. Realmente Alice había ganado la apuesta, con tan sólo una palabra. Había sido una derrota justa, pero se sentía muy mal. No sólo porque ella pudiera dirigir la situación a una voz de mando, sino también porque podía calmarlo con una sonrisa. La influencia del titiritero tarda largo tiempo en ser forjada, pero Alice podía ejercer la suya en un único gesto. Mark no era una excepción. En fin, al menos había ganado una amiga.
Bienvenida, Shane
No dejes de escribir nunca, lo haces genial.
ResponderEliminarGracias por el comentario, me alegra que pienses así.
ResponderEliminarNo tengo intención de dejar de escribir al menos en mucho tiempo.
¿Y tú? ¿Lo has probado alguna vez?