martes, 16 de abril de 2013

Puebloarbóreo

Un abrazo puede cambiar muchas cosas. Mark movió tímidamente sus hilos. Preciso, sutil. Al notar que las articulaciones cedían dio un toque al hombro de Vic, invitándola a dejarse llevar. Con la suerte de la infinidad y B. por cómplice, el titiritero observó en la distancia. No había ido tan mal esta vez. ¿En verdad era tan horrible como Alice lo consideraba? Asustado por esa idea vestía en el mismo momento la máscara de Leo, a quien no le importaba el error.

-¿Y ahora qué? -preguntó el gato.- Necesito salir a cazar.
-Ya hemos cazado dos sonrisas -le recordó Mark.
-Yo lo hice, porque soy genial. No dejarás que me aburra ahora, ¿verdad?
-No debería regresar tarde -Vic intervino.- Pero podrías pasar la noche en mi casa.
-¿Lo dices en serio? ¿En ese bosque sagrado? -Mark se sorprendió.
-No es sagrado, sólo está restringido el paso a los mortales. En teoría está prohibido que entres allí.
-¿Pretendes insinuar que pase por alto las prohibiciones de las hadas?
-Las reglas fueron creadas para saltárselas.

Vic lo miró con sus perfectos ojos de tierra sinople, como el musgo que se forma sobre la corteza de los árboles. Leo sonrió. Realmente le agradaba la idea. Mark no podía negarse a esa mirada.

To be continued

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