Scarlet le habló esa noche. Hacía algunos meses que se habían distanciado, pero ella todavía lo necesitaba en alguna ocasión. Casi tanto como él a ella. La noche estaba vacía, y los hilos de Mark no podían hacer nada frente a eso.
-Hola, Scarlet. ¿Qué necesitas? -respondió el titiritero con amabilidad.
-¿Podemos matar esta noche?
-Sí, me gustaría hacerlo -fue Edward Gules el organista quien respondió en esta ocasión.
-Pero deberá ser a partir de las once y media. Estaré ocupada hasta entonces.
-Por supuesto, te esperaré.
-Gracias, Maestro.
El teléfono vibró con un mensaje. Alice volvía a hablarle. El titiritero se ilusionó un poco, sus conversaciones llevaban un tiempo tensas a pesar de sus esfuerzos por aliviarlas. ¿Por qué le hablaría en ese instante?
-Mark, ¿te puedo pedir un favor... por el que me veo obligada a recurrir a ti?
-Lo que quieras.
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