Esperó con Alice hasta que hubo llegado el resto de la gente. Mark le había preguntado si podría quedarse, a lo que ella contestó con una sutil negativa. Eran ya las doce y cuarto, mucho más tarde de la hora que Scarlet había mencionado. Leo estaba demasiado entretenido, orgulloso de su creación, y no entraba en sus planes tener que marcharse. Mark le insistió, y finalmente el gato a su sombra se desvaneció sin más.
La noche no comenzó bien en absoluto. Las calles casi estaban vacías por completo. Alice y sus chicos no parecían una opción, pero Mark decidió probar a preguntar una vez más. Estaba claro que la cazadora se avergonzaba de Leo, pero éste parecía no entenderlo hasta que el organista se lo demostró.
-Pues ya no quiero ir -se manifestó ofendido el gato.
-Asúmelo -Mark intervino.- Vamos a demostrarle a esa licántropo que se equivoca.
-¿Puedo encargarme de eso? -preguntó elegantemente Gules.
El titiritero dudó unos instantes antes de asentir. Alice aceptó que él pasara la noche con ellos. El resto, dependía del doctor organista.
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