miércoles, 27 de febrero de 2013

B.

B de bruma, de brujería, de Bandersnatch... Pero no tan difuso, ni tan mágico, ni tan frumioso. B, simplemente, de baka. Así se sentía Mark mientras caminaba bajo la lluvia. Simplemente estúpido. ¿Cómo podía esperar el mejor resultado de una probabilidad irrealizable? Es imposible alcanzar un milagro si los dados no llegan a caer.

Caminó de nuevo por la senda que en una ocasión recorrió, una noche sin descanso, aterrorizado por las sombras y esa sensación en la garganta. Pero esta vez la ignoró por completo. Caminó hasta ponerse a cubierto. Hasta llegar a un lugar que él creía seguro. Pensaba demasiado.

Mark pensaba en el mundo, en los humanos. En su comportamiento y en la mente colectiva que tanto le costaba entender. Pensaba tanto que fue incapaz de advertir los pasos silenciosos que se acercaban a él desde la oscuridad. Inconsciente de los ojos que le acechaban, se sentó con tristeza en la silla de su escritorio. La niña de cabellos balaje saltó sobre él, abrazando su espalda a la altura de los hombros.

-Sonríe.

[...]
Una sola palabra puede cambiar muchas cosas.
Lanzaré esos dados por ti.
Si no obras un milagro, al menos podré ver su sonrisa por última vez.
Gracias... B.

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