Cuando bailen sus cenizas en el viento
con el azul ensueño sombrío de un oscuro amanecer
caerá su cuerpo a la luz del sol en un nuevo día,
será su voz sobre el cielo un canto desesperado.
Sabrán los bosques-en-vida que ha vertido su cosecha
(icor tardío en la brecha de un sacrificio estival)
al servicio de la Reina del estandarte de flores
por huesos de sus ancestros de un antiguo funeral.
Herederos de la noche, alzad vuestro fin con orgullo.
El estigma de una herida entre los ojos, bordado de plata y azafrán
semeja al triste flotar de una llama en vuestra mente.
Sino de muerte audaz que aguarda su turno impaciente.
Y aunque teméis el final debéis afrontarlo sin duda
como una mordedura deja un veneno fatal,
muerde y se arrastra en el polvo.
Polvo seréis, y polvo eternamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario