Ese era el razonamiento que había seguido al principio, pero alrededor de las dos de la madrugada comenzó a plantearse si había sido una buena idea. En ese instante comenzó a escuchar una melodía extraña, inconstante, distorsionada. Hipnotizado por el dubstep, se dirigió hacia allí.
El titiritero pasó varios minutos escuchando la música en el parque. No sintió vibrar su teléfono móvil en el bolsillo hasta que se hubo marchado de allí. De camino, comprobó por casualidad los mensajes sin esperar nada sorprendente. Sí fue sorprendente, sin embargo, cuando se fijó en la persona que lo enviaba.
Dánae.
Habiéndose engreído su corazón y obstinado su espíritu hasta la arrogancia, fue depuesto de su trono real, y se le quitó su gloria. (Daniel 5,20).
ResponderEliminarNo es oro todo lo que reluce,
ResponderEliminarni toda la gente errante anda perdida.