Ella me miró a los ojos. Y de todas las cosas que podía haber hecho, la peor era mantenerle la mirada. Estaba dispuesto a llevar mucho más lejos este juego de manipulación, y Alice lo sabía. Finalmente optó por el modo fácil.
-Hazlo.
En ese momento comprendí que no tenía escapatoria. Nigerarenai.
Alice desprendió su cinturón y lo dejó sobre la mesa. La Comandante Anthos lo utilizó para inmovilizarme las muñecas y atarme a la silla. Desde mi perspectiva, con la garganta todavía impregnada de salsa picante, las ataduras eran el menor de mis problemas. Ni siquiera merecía ese batsu game.
-Si me resisto será peor, ¿verdad? -inquirí con cierta resignación.
Ambas asintieron. Cerré los ojos, y alguien inclinó mi cabeza hacia atrás.
[...]
-Te han dejado guapo, ¿eh? -comentó el chico de la mesa de al lado con una sonrisa de incredulidad.
-Dime una cosa -me acerqué a él una vez estuve desatado.- Del 1 al 1000, ¿cómo de ridículo estoy?
-No sé, pero bastante. Yo me avergonzaría si tuviera que ir por la calle así.
-¡Pero si pareces un gatito! -interrumpió Alice.
-Como si eso fuese algo bueno...
-Que sí, que te queda muy bien -Anthos me arrastró fuera de la cafetería.
-Iremos a ese parque, así no tendrás que pasar por ninguna calle llena de gente.
Nunca estuve de acuerdo con esa idea. El parque también estaba lleno de gente, como cabría esperar. Al poco tiempo se acercaron a nosotros varias estudiantes que nos pidieron una entrevista filmada. Jamás me habría dejado grabar en esas condiciones, pero una vez más (con suerte la última) no tenía opción a resistirme.
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