lunes, 20 de abril de 2015

La Biblioteca de Birde I

Caía la noche del segundo día. Mark llevaba ya muchas horas con ello, pero presentía que estaba cerca del final. Sus hilos se tensaron alrededor del teclado. Forcejearon. El malvado encapuchado de túnica negra se impuso, rompiéndole el cuello. Mark cayó hacia atrás en la silla, exhalando un suspiro de frustración.
-Maldita sea, Lara. ¡Reacciona!
Ella apenas le dirigió una mirada vacía mientras la pantalla perdía el color.
-Otra vez... -ordenó Mark.- Toda la secuencia.

Y allí estaba de nuevo, con la reina en su punto de mira. Un disparo, y Mark se preparó. Sabía lo que iba a venir. Esperó el momento, una fracción de segundo y el piolet se adentró en la espalda del antagonista. Los hilos del titiritero volvieron a tomar posiciones al tiempo que el vídeo avanzaba.

Esta vez no fallaría. Comenzó el movimiento intermitente, frumioso. Si había logrado derrotar al elegido de Din en las praderas de Hyrule aquel día tan lejano, estaba seguro de que podría con esto.
Pero una vez más, el enemigo se impuso, partiéndole el cuello de nuevo.

-Esto es imposible -Mark exclamó, pulsando Alt Tab.
Desplazó con desgana al ave azul que trataba de reclamarlo, una ventana al brillante cielo nublado, los engranajes que seguían moviéndose impulsados por el vapor de la Biblioteca de Birde. Hasta que encontró lo que buscaba, el gran sabio con respuesta para todo.

[...]

-Buenas noticias -regresó él al cabo de un largo rato.- Se trata de un glitch, pero puedo solucionarlo. Dame unos minutos para ajustar la configuración de gráficos...
Los ojos de Mark brillaron ilusionados. Ese juego había conseguido atraparle por completo, algo que no había logrado ningún otro de la misma saga o cualquiera similar. No iba a abandonarlo. Seguiría hasta el final.

Gracias, Birde

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