miércoles, 3 de febrero de 2016

Restart

-I love you.
-Keelah se'lai.

La criatura comenzaba a incorporarse. Mark tensó los dedos contra el teclado como hacía siempre que se preparaba para un combate difícil. Hubo un destello, y algo comenzó a brillar. Sabía dónde dirigir el disparo. La puerta de la habitación se abrió entonces violentamente.

-¿Rei? -Mark se volvió sobresaltado.
-¿Te has muerto? -dijo el niño, señalando la pantalla que lucía el característico rojo apagado.
-Culpa tuya, hermanito. Siéntate y observa.

-¿Te acuerdas de esta chica? -preguntó Mark al iniciar de nuevo la fase.
-¿Es una momia?
-No, es una alienígena. Es como mi... ayudante -el titiritero dudó al elegir esa palabra.- Ya la habías visto, la primera vez que luchamos en la Ciudadela y me obligaste a llevar a la misión a uno que era como un dinosaurio.
-Ah, sí. ¿Eres un malo? -dijo Rei mientras el ojo láser recibía el segundo misil.
-¿Tú crees que estaría luchando con ese calamar gigante si fuese malo? Claro que no lo soy, intento salvar la Galaxia.
-Entonces, ¿eres un sith?
-No soy un sith. Los sith sí que son malos, pero en otra Galaxia diferente -explicó Mark en una carcajada.
-¿Está muerto? -preguntó Rei, refiriéndose al enemigo que acababa de caer.
-Eso creo.
-¿Qué era ese malo?
-Un Segador. Al principio había muy pocos pero ahora están atacando muchos planetas. Y claro, tengo que ir yo a salvarlos a todos.

Rei comenzó a hacer preguntas. A sus siete años de edad, se le daba excepcionalmente bien cuestionarse toda clase de información.

-Transfiere esos datos.

Mark respondía a las preguntas de su hermano tratando de seguir la conversación mediante los subtítulos.

-¿Qué ha dicho de una ofensiva inminente?
-¿Qué? -el niño centró su atención en el monitor, pero se aburrió casi al instante.

-Haz que se retiren.

-¿¡Cómo que no!? El Almirantazgo se puede ir a la mierda.
-¿Algo va mal?
-Rei... -Mark estaba nervioso a esas alturas.- Tengo que pedirte que te vayas ahora...
-¿Por qué?
-Va a pasar una cosa de mayores. Luego te lo cuento, ¿vale?

Él asintió. Cerró la puerta al salir. Mark contempló aterrado la secuencia de vídeo. Se negó a aceptar que todo terminase ahí, en los acantilados de Rannoch. Todavía le temblaba el pulso al reiniciar la última partida guardada. Con un suspiro, tensó los dedos contra el teclado como hacía siempre que se preparaba para un combate difícil. Keelah se'lai.

And, in the end, it still totally worth it.

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