-No necesito que me animes -respondió el titiritero.- Sólo quería compartir mi tristeza.
Ella le dio un abrazo. Mark salió al bosque, quizá buscando a alguien en especial. Como esperaba, la joven druida estaba dispuesta a ayudarle.
-¿Qué te pasa, pequeño?
-Es... difícil de explicar.
-Inténtalo.
Mark envió sus aves azules para explicar todo cuanto le afligía.
-¿Estás seguro de que esa persona merece la pena? -preguntó ella cuando se hubo asegurado de entenderlo todo.
-No sé si lo estoy.
-No tienes que sentirte mal por ello. La gente que te hace daño no merece alegría ni tristeza.
-Pero quiero estar triste. Me ayuda a escribir.
-Puedes estar triste por cosas que merezcan la pena, no porque alguien te haga daño. Puedes estar triste porque esta noche algún gato saldrá solo al tejado sin haber visto nunca a otros gatos por allí. O porque a algún niño le costará dormir pensando que la niña que le gusta no le hace caso. O porque una buena actriz se quedará una vez más tras los bastidores, observando cómo su vida es desaprovechada.
Y sonríe de tristeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario