miércoles, 18 de noviembre de 2015
La noche y la princesa
No sé cuántos pájaros volaron entre ella y yo esa noche, perdí la cuenta entre un cuento y otro. Y ahí estaba, de nuevo en su palacio, contemplando esas páginas que alguna vez me permitió leer. Y su espina no dolió, tan solo sonreía. ¿Cuántos hilos se deben cortar para escribir con sangre una vez más, con sangre y acero y melancolía? El ruido cesó y las campanas doblaron, y las aves llegaban y la gente dormía. Un buen momento para partir. Buenas noches, princesa.
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