lunes, 12 de mayo de 2014

Historias de la Ciudad Perdida II

Las uñas y las balas
apuntan a las cabezas,
de un lado a otro de la calle.

Unos ganan en armamento, otros por multitud,
y aunque escasos de moral, combaten el descontento
con una estricta actitud
y entrenada precisión.

Pues, gemidos y disparos, en una guerra local
entre aquellos que ya han muerto y los que van a morir,
a la alta tarde se tornan en un eco banal.

Tal vez locura o hastío
o sólido sino fatal
conducen a su general
a un comando suicida,

¡oh!, ¿quién si no se alzará
a matar al desertor?

Algunos corren con hambre, otros corren con pavor,
intentan buscar refugio pero todo está ocupado,

Hay un olor. Un olor distinto a todos.
El perro va a la cabeza y el sacerdote detrás,,,

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