-¿Y por qué no? -la Capitana observó la mesa.
Sus edificios se alzaban entre las calles del tablero como un campo de minas.
-Porque... ¡porque soy el Rey en el Norte!
En efecto Mark dominaba la esquina superior, pero sus territorios se veían escasos en comparación a los que había obtenido el otro bando.
-De acuerdo, Rey en el Norte -sonrió ella.- Acabas de caer en uno de mis hoteles.
-No me gusta este juego. Todo sería diferente si no jugásemos uno contra uno.
-¿Qué propones?
El rostro enmascarado de Mark empezó a formar una misteriosa sonrisa.
-Dime, ¿sabes jugar al poker?
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